Entender el mundo

Primero tratas de entender el mundo, si no lo comprendes das por hecho que el mundo tampoco te comprende a ti. Te preguntas qué te pasa, por qué eres así, cuándo vas a conseguir convivir en pleno mundo oficial con el caos mental que te sacude, qué debes hacer para encajar en un mundo al que ni comprendes ni esperas ya que te comprenda. Luego, te vuelves casi loca asumiendo que eres rara, distinta, loca. Te rompen el corazón que has entregado sin contemplaciones. Culpas al amor. Gente bonita te rodea pero no acabas de fiarte del todo, quieres pero no puedes. Descubres que el corazón te lo has roto tú sola, buscas adentro, te rescatan sobres de azúcar y mensajes espirituales que aseguran que todo pasa para el mayor bien, te agarras, confías por supervivencia existencial, tratas de permanecer donde se te quiere, pero adentro duele, huyes, vuelves, caes, lloras, duele, te cansas del positivismo ilógico exacerbado, revientas y aún así, alguien se queda a tu lado, duele, alguien te comprende aunque te ve en ruinas, duele, alguien te acompaña, te vuelves apática, te has puesto tantas corazas que has dejado de sentir para sobrevivir y no quieres. No quieres. No quieres. Te preguntas si es cuestión de maduración, rebeldía ante ti misma o una consecuencia directa de tus heridas. Buscas. Comprendes, ves, descubres, flipas, lloras, entiendes, lloras, aceptas, digieres, respiras, te estiras, agradeces, vuelves a bailar, a escribir, a crear y un buen día, te despiertas y decides cuidar tu integridad y disfrutar de la vida siendo tranquilamente tú misma hasta que algo vuelva a enseñarte más aunque no se sepa si mejor. 

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